Una aventura a la italiana

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Por Beatriz Vadillo

Hace tres veranos, Esther, Cris y yo no pudimos resistirnos a una súper oferta que vimos por internet y que, con gracia comprobamos que también había publicidad de tal chollo por la televisión… Cerdeña, Italia, una semana en apartamento para 3, ferry de ida y vuelta con coche incluido por unos 300€ aproximadamente. Gastos a parte. ¿Cómo íbamos a dejar pasar semejante oportunidad? No se diga más, allá que nos vamos.

El viaje estaba claro y luego ya allí veríamos sobre la marcha qué hacer, qué playas vistar y con qué otras actividades ocuparíamos nuestro tiempo. De Madrid fuimos en coche hasta Barcelona, había que coger un ferry que nos llevaría hasta el maravilloso pueblo de Castelsardo, un municipio de Cerdeña, provincia de Sassari. De camino a Barcelona, a la altura de Zaragoza, me llevé el primer susto del viaje: había cerrado la maleta con candado y creía que no llevaba la llave encima… ¿qué hacemos, volvemos a Madrid o intento destrozar el candado en Cerdeña hasta conseguir abrirlo? Después de montar un pollo en el coche, parar en el arcén y decir más de 30 improperios en medio minuto, me di cuenta de que llevaba la llave en el bolso. Prosigamos nuestro viaje.

Tuvimos que esperar bastante en el puerto de Barcelona hasta que pudimos entrar con el coche. Fue un caos hasta que nos organizaban por filas e íbamos entrando poco a poco. Ya en el camarote, descubirmos con sorpresa que estaba mejor de lo que esperábamos, había dos literas con dos camas cada una y una ducha. No necesitábamos más, sólo íbamos a pasar la noche, ya que el viaje hasta Cerdeña lo íbamos a hacer de madrugada, así que hasta mitad de mañana del día siguiente no llegaríamos a puerto. Ojo, la oferta de este viaje incluía camarote de ida, pero no de vuelta, ni te imaginas el final de esta historia…

Llegamos a Castelsardo por la mañana y nos dispusimos a buscar los apartamentos donde pasaríamos nuestras mini vacaciones. Cuando llegamos nos tocó esperar un buen rato hasta que nos atendieron. Eran muchas las familias y parejas que habían contratado los mismos apartamentos y la señora que daba las llaves, sábanas y toallas se esmeraba en dar todas las explicaciones habidas y por haber con suma parsimonia. A las tres nos llamó la atención el esmero y el detalle de los argumentos respecto al reciclaje de la basura. A parte de las indicaciones en un perfecto itañol que a todos nos bastaba, nos dieron un papel con dibujos por colores en el que se recalcaba dónde iba cada tipo de basura y en qué contenedor depositar nuestros desechos. Una vez llegamos a la zona de nuestro apartamento y tras aparcar el coche entendimos el porqué de tanta explicación sobre reciclaje, ¡tenían más de 5 tipos de cubos! Supongo que debían estar hartos de que los turistas tirasen la basura de cualquier manera, sin importarles el cubo, así que habrían estado separando la basura constantemente. Amén de las posibles multas que ello conllevaría. Y es que Cerdeña se sitúa hoy en día a la cabeza de Europa en la gestión de residuos y tratamiento de la basura. En 2016 registró un 60% de recogida selectiva y para 2022 esperan tener un 80% en control y gestión de residuos. Todo un modelo a seguir por parte del resto de países europeos, ¡cuánto nos queda por aprender!

El apartamento no estaba mal, salvo por algunas perlas que aún recordamos entre risas cuando nos juntamos las tres, que es pocas veces o nunca. Detallitos como la mini cafetera, que había que hacer hasta tres veces para poder sacar 3 tazas de café, el sofá cama, en el que nos teníamos que turnar cada noche porque una misma persona no podía dormir todas las noches con los muelles clavados en la espalda (descubrimos una forma de dormir, de forma semi contorsionada en la que podíamos esquivar los malditos muelles), el aire acondicionado, que nunca funcionó (eso sí, quedaba divino presidiendo el salón y la entrada al apartamento), la ducha, demasiado estrecha para mi gusto, te daba poco margen de movimiento… Y algún que otro detallito más que seguro que se me escapa.

Anécdotas a parte, si estás huyendo del bullicio de la gran ciudad, del estrés del día a día, necesitas un poco de silencio o descansar el alma, Castelsardo es el lugar, es el sitio que estabas buscando para irte de vacaciones. Pasea por la plaza del pueblo, mézclate con el entorno, consulta a los lugareños dónde comer e imprégnate de lo italiano, de sus costumbres y su forma de vida.

Castelsardo es un pueblecito costero de casi 6000 habitantes. A penas tiene turismo y su belleza reside, a parte de en el típico sex appeal que tiene todo lo italiano, en sus paradisíacas playas y calas. Son espectaculares y muy diferentes las unas de las otras, con un agua cristalina en el que da gusto nadar, un pequeño paraíso para los amantes del esnórquel. Mira, esto me faltó a mi, me debería haber llevado las gafas y el tubo, así que ya tengo excusa para volver algún día a Cerdeña.

Viajes de este tipo son toda una aventura, porque sabes cómo empieza, pero no cómo acaba… Se trata de un viaje de 12 horas en ferry que, haciéndolo de madrugada y con cama, no te enteras, pero sin camarote lo puedes llegar a pasar un poco mal, como fue nuestro caso a la vuelta. Imagina, 12 horas durante el día en unos butacones (arramblados cada uno de donde pillábamos) con una pequeña mesa redonda difícil de datar, muy vintage ella, que previamente habíamos cogido de una esquina donde no había nadie, aparentemente, y arrastrado (pesaba como un muerto) hasta un pequeño espacio en el que una de nosotras se había plantado cual guerrillero dispuesto a defender la causa a toda costa. Ese fue nuestro viaje de vuelta a Barcelona, 12 horas turnándonos, para que no nos quitaran los butacones, la mesa vintage y las dos bolsas de la compra llenas de comida y enseres varios, junto con nuestras maletas, claro está. El salón era como una zona de guerra, como un hospital de campaña. Había gente por todos lados, todos los sofás estaban ocupados, con sábanas, almohadas, mesas plegables, neveras portátiles y maletas. Había gente que llevaba varios días viajando en ese ferry destino a Barcelona sin camarote, así que se habían adueñado de una pequeña parcela en la que habían colocado sus cosas. Los pasillos del ferry, de camino a los baños o a la cubierta tampoco se libraban de esta estampa, ya que los más avispados habían montado hasta camas hinchables de las que anuncian en la televisión y estaban echándose la siesta con su antifaz mientras los demás paseábamos como zombis o íbamos al baño (una visita poco recomendable en este tipo de barcos). Así que imagina nuestro gozo y alegría cuando llegamos a Barcelona e hicimos noche en un pequeño y céntrico hotel. Queríamos descansar y a la mañana siguiente, ya repuestas, reanudar la marcha a Madrid. Todavía recuerdo el blanco de las sábanas de ese hotel y lo cómoda que era la cama. Esa noche dormimos las tres como bebés. Nos lo merecíamos, nos lo habíamos ganado.

¿Y qué serían los viajes sin estas cosillas para contar…? Muchas gracias, Cana, por compartir de nuevo tu experiencia con todos nosotros… Estoy segura de que muchos de nuestros lectores se sentirán muy indentificados al leerte… Y desde luego, a mi la historia me ha hecho reír un montón… ¡¡Muchas gracias!!

Bibliografía: · https://www.lyrsa.es/

· https://es.wikipedia.org

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Esther dice:

    Un viaje muy especial con mis niñas, con sus anécdotas y muchas risas.
    Gracias por ese gran viaje!!!!

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    1. Desde luego una aventura de esas para recordar siempre… Besotes!

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  2. Mikes dice:

    Buen articulo,

    Resaca de limoncello aparte, Cerdeña esta muy guay. Fuimos a una boda alli hace unos años y vivimos unas aventuras/desventuras bastante surrealistas.
    Espero que ya os hayais recuperado del semicontorsonamiento.

    Un saludo

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  3. Bea dice:

    ¡La verdad es que fue divertidísimo! Repetiría una y mil veces 🙂 🙂 🙂

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