Un primer día por la ruta de la seda: Jiva – Uzbekistán

el

Por Hugo Reguera

Hugo e Isabel, Samarcanda, Uzbekistán

-¿Cómo que el avión se retrasa de nuevo? ¡Tenemos que llegar a Tashkent para coger otro vuelo!, ¡si lo perdemos no habrá otro hasta dentro de una semana!

-“Señor, nosotros no saber, problemas en avión”

-Por favor, dense prisa, ¡y saquen nuestras mochilas de la bodega, las llevaremos encima para ganar tiempo en la escala!

-“De acuerdo, señor, nosotros buscar mochilas y arreglar avión”

Estábamos en el aeropuerto de Almaty, la mayor ciudad al sur de Kazajistán, y estábamos muy agobiados. Habíamos pasado una semana estupenda visitando el sur del país, la ciudad -típicamente soviética- de Almaty, el Big Almaty Lake, el cañón Charyn -primo pequeño del Gran Cañón- …. y, lo reconozco, ha sido una de las veces que peor lo he pasado en un aeropuerto ya que, literalmente, veía como se desvanecía la segunda parte de nuestras ansiadas y merecidas vacaciones. Sólo había un vuelo semanal que nos llevaba a la capital de la vecina Uzbekistán y que, a su vez, nos permitía aprovechar al máximo nuestra estancia en el país, que sería solamente de poco más de una semana.


No sabemos cómo se las arreglaron pero, para nuestra sorpresa, cuando finalmente aterrizamos en Tashkent sobre las 3 de la mañana en una terminal completamente desierta, un miembro del personal de tierra de Uzbekistan Airways nos estaba esperando como agua de mayo.

-“¿ustedes ser los españoles?”

-“Sí, nosotros ser los españoles.”

-“¡Rápido, corran, corran, avión esperando!”


Nos llevó volando por la terminal internacional del aeropuerto, eludimos cualquier trámite fronterizo que hubiese que hacer para entrar al país -la policía aduanera nos dejó pasar sin ni siquiera enderezarse al vernos corriendo-, salimos trotando cargando las mochilas al parking donde nos esperaba un somnoliento conductor de autobús que arrancó y nos llevó, sin mediar palabra, a la terminal local al otro lado del aeropuerto, donde el avión para ir a Jiva nos estaba esperando. ¡Lo habíamos conseguido!


Poco más de dos horas después de nuestra entrada triunfal en el país, sin un sello en el pasaporte que lo demostrase -¡cachis!-estábamos en un taxi camino del centro histórico de Jiva, ciudad en el suroeste de Uzbekistán, punto clave de la antigua ruta de la seda, y que habíamos elegido para empezar nuestro particular camino.

Calles de Jiva.

Lo cuento así, rápido y fácil, pero no todo fue como la seda (nunca mejor dicho), al haber llegado tan “por los pelos” al país, no habíamos podido cambiar nada de dinero y no teníamos moneda local -el som uzbeko-, sólo llevábamos euros y algunos tenges kazajos, que era como no tener nada. No había ni un ventanuco en este aeropuerto -de Urgench, Jiva no tiene aeropuerto- donde cambiasen moneda y, mucho menos, a estas horas intempestivas. Tras mirar a nuestro alrededor y viendo que todo el mundo tenía mejor planeados sus traslados que nosotros, nos dimos cuenta de que nos íbamos a quedar atrapados allí.
Pero la cabeza funcionó, usó experiencias anteriores y encontró una solución: como llevamos unos pocos de kilómetros en la mochila, uno tiene recursos para casi cualquier imprevisto viajero, así que abordamos a dos chicas hongkonesas mochileras que habían acordado un precio con un taxista y que -casualidades de la vida- se alojaban en el mismo hotel que nosotros. Accedieron apretarse un poco en el coche y nos hicieron un hueco, a nosotros y nuestras mochilas.
Convenimos que al día siguiente les pagaríamos la mitad de la carrera.
¡Sí, otro triunfo!. No lo sabíamos aún, pero no sería el único viaje que haríamos compartiendo coche con ellas.


La ruta de la seda fue una red de rutas comerciales que se extendían hace siglos por toda Asia, desde China y Mongolia, pasando por India, Persia, Arabia y hasta Estambul, a las puertas de Europa. ¡Imaginaos la de artículos, ingredientes, joyas, personas, olores, etc. interesantes y de todos los colores que podían circular! Aquí confluían mercaderes de todo tipo y si cierras los ojos aún puedes imaginar cómo sería este lugar hace muchos siglos, ya que el tiempo parece haberse congelado.

Fábrica de alfombras de seda. Jiva.

Cuando llegamos al hotel eran aproximadamente las cinco de la mañana, habíamos pasado la noche de avión en avión y tiro por que me toca, y el sol empezaba a asomar. Los amaneceres son especiales en cualquier lugar del mundo. Si se lo permites te hacen ver la belleza de la Tierra y te recuerdan que formas parte de un Universo mucho más grande de lo que puedas imaginar, pero en un sitio como Jiva este momento es realmente mágico.

Minarete Kalta-Minor al amanecer. Jiva.

Itchan Kala, la ciudad antigua, está en gran parte construida de adobe, empezando por la gran muralla que la rodea. El sol empezaba a elevarse sobre ella, momento que aprovechamos -luchando contra nuestras incuestionables ganas de rendirnos en la cama- para hacer algunas de las mejores fotos del viaje, una ciudad que en ese momento estaba vacía y que disfrutaba del primer baño de sol del día. Unos turistas con los que habíamos compartido avión habían tenido la misma idea, casualmente eran un matrimonio español.
Dormimos.
Al levantarnos, hablamos con el dueño del alojamiento -o hotel, si queréis llamarlo así- quien nos llevó de alfombra en alfombra hasta la sala de desayunos, donde tomamos pan, té, embutidos, mermeladas caseras y otras delicias típicas de la zona.


Uzbekistán -y, por lo que puedo contar, también Kazajistán- son países que a mi, como occidental, me parecen de lo más curioso por el mix de culturas que los integran. Uzbekistán es un país mayoritariamente musulmán, y lo podréis notar por su arquitectura y manera de vestir, sin embargo, también son una antigua república soviética, de los cuales han heredado el alfabeto cirílico y distintos platos tradicionales, entre otras cosas. Además, y esto en Kazajistán es más notable, sus rasgos son asiáticos. Es decir, tratando de hacer un resumen, parecen asiáticos-árabes, que escriben en lo que parece -no lo es- ruso, pero que son musulmanes y en cuya gastronomía se cuelan noodles y dumplings al más puro estilo chino o japonés, mezclados con el cordero y la calabaza árabe. ¡Imposible no pecar un poco con su gastronomía!


Cuando salimos de nuevo a la calle la ciudad había cambiado por completo. Hordas de turistas abrasados por el sol abarrotaban las polvorientas calles sin asfaltar. Lo que por la mañana era un tranquilo paseo se había convertido en un ruidoso bazar que ocupaba casi todo el centro, dónde comerciantes locales trataban de colocar sus souvenires “hechos a mano” a todo el que pasase por delante.


Jiva se encuentra en una zona especialmente árida, es todo desértico a su alrededor. Las construcciones de adobe se camuflan perfectamente con el entorno dejando que resalten así los coloridos alicatados de los edificios. Mosaicos, mosaicos y más mosaicos que nos acompañarían durante todo nuestro viaje. ¡Trocitos de piedra convertidos en arte!
Como destacable puedo mencionar el minarete Kalta-Minor, visible desde toda la ciudad; la mezquita Juma -muy diferente de otras mezquitas- y la madraza de Allah Kuli Khan. La ciudad, de tamaño muy reducido, bien merece un día completo, de sol a sol para visitarse en su totalidad, o dos días a un ritmo más relajado, esta opción es mucho más recomendable. Además, hay un city pass con el que podrás visitar la gran mayoría de monumentos con una misma entrada, aunque los mejores se pagan a parte. No olvidéis un buen sombrero y agua, aunque si os lo dejáis, tampoco pasa nada ya que podréis encontrarlo allí y regatear el precio con alguno de los chicos de los bazares.

Mezquita Juma. Jiva.

El final del día debe aprovecharse para probar el plato de la zona por excelencia, el Plov -o Pilaf-, un guiso normalmente de cordero cubierto de arroz con verduras especiadas, que encontraréis por todo el país -y en los países vecinos-; y también deberéis encontrar y negociar con un conductor que os lleve a la siguiente etapa del camino: por ejemplo, Bujará.


En definitiva, un viaje muy recomendable y que, muy probablemente, cada vez más gente incluirá en sus destinos en los próximos años, por el gran interés general que atesora: la amabilidad de sus gentes, la creciente seguridad de la zona, su interesantísima historia antigua, con el sanguinario Tamerlán, que saqueó la India entre otros muchos para construir Samarcanda; pero también la reciente -hasta 1991 fue parte de la Unión Soviética-, los precios asequibles para el ciudadano medio europeo, la riqueza y majestuosidad de sus restos arqueológicos, su excelente estado de conservación, su gastronomía llena de mezclas de sabores y exóticos olores.


La parada ideal a mitad de camino entre Europa y Asia oriental.

Y no me quiero ir, sin darte las gracias, Hugo, por compartir con todos nosotros vuestra pedazo de aventura en la ruta de la seda, desde luego es un país súper interesante, con unos lugares preciosos y que tengo en mi cabeza para, próximamente, visitarlo. Yo creo que muchos de nuestros lectores también lo tendrán después de leerte. Muchas gracias viajer@s por aportar vuestra historia en el blog. ¡Uzbekistán, allá vamos!

8 Comentarios Agrega el tuyo

  1. David Bisbal (de puerto rico) dice:

    Ese tal Hugo parece haber viajado más que Marco Polo, por cierto de verdad los del aeropuerto hablaban así?(ustedes ser españoles?) Que curiosa cultura mezcla de asiática, musulmana, rusa e indio americano!

    Me queda la duda de si os ofrecieron la pipa de la paz…

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    1. Jajajajaja es probable que hablasen tal cuál…. Habrá que ir para comprobarlo 😜

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  2. Mikes dice:

    Que chulo el articulo Hugo, vaya vida te pegas mangarrián.
    Me apunto Jiva como ciudad de vacaciones, junto a Marina Dor, que Miguelito Jr. es muy de Pilaf y de saquear aldeas a caballo.

    Un saludo.

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    1. Siiii!!!! Yo también me lo apunto!!!! Miguelito Jr. ha salido como su papi 😜… Besitos a todos!😘

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  3. Hugo dice:

    ¡Un placer, Leti, que me hayas invitado a compartir la experiencia! Enhorabuena por tu blog, hace viajar sin moverse del sitio y además inyecta una buena dosis de buen rollo. Besos!

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    1. Muchas graciassss!!!! Da gusto escuchar cosas así!!!! Graciassss El placer es mío y de todos los lectores, Hugo! Gracias por compartir vuestra experiencia con todos nosotros!!!! Ya sabes, siempre que quieras compartir aventuras viajeras, serás muy bienvenido en el blog!!!! ¡Muchos besos!

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  4. Toni dice:

    Una pincelada de unos países tan exóticos cómo a priori inaccesibles, conocer la ruta de la seda y parte de enclaves clave de la antigua URSS ha de ser impresionante.

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    1. Siiiii!!!! Tiene una pinta genial!!!! Qué ganas de ir!!! ¿A que si?😘

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